Cuando el “procés” fue Sealand

Independencia es libertad en un fortaleza Maunsell

Confesiones del Virrey Puigdemont en una fortaleza Maunsell

El relente nocturno todavía acaricia el rostro del recién amanecido Virrey Puigdemont. Es una de esas mañanas en las que uno está llamado a pasar a la posteridad. El exilio en una fortaleza Maunsell lleva al pensamiento vagabundo autónomo del sin tierra, al resurgimiento de la nación sin espacio vital, a la fundación de un Estado aunque sea sin territorio o con él creado a su antojo.


Paddy Roy Bates (1912-2012) y Sealand

Fue monarca en una tierra imaginaria llamada Sealand que decidió ser unilateralmente independiente y verídica. 500 m² de plataforma militar marina que tuvo el insensato objetivo, durante la segunda Guerra Mundial, de evitar la colocación de minas o el disuasorio intento de menoscabar a la armada alemana en los estuarios del Támesis con un mísero cañón de 40 milímetros. Sealand, como territorio, era fundado bajo el acuerdo de todos sus inexistentes habitantes; y en desacuerdo de Gran Bretaña que con sus habituales artimañas diplomáticas consiguió que el artilugio habituado a aguas internacionales pasara a nacionales. Acuñó su propia moneda, el dólar silándico y su propia selección de fútbol. Argumentos imprescindibles, como todos sabemos, para la constitución de un Estado 


Fortaleza Maunsell

Fuerte defensivo flotante. Su misión: prevenir la colocación de minas lanzadas desde aviones alemanes mediante avisos o incluso mediante cañonazos de limitado alcance. El impacto medio ambiental es hoy elevado. En total se construyeron cuatro entre los ríos Támesis y Mersey: Rough Sands, Sunk Head, Tonge Sands, Knock John. En los 60′ las torres fueron ocupadas para hacer periodismo radiofónico pirata. Su titularidad: la Royal Navy 


En el caso del procés la venta del bien común debe hacerse bajo acuerdo de las partes que hicieron la compra. Es un bien común cuya secesión actuaría como extirpación de una de las partes contratantes.

De ahí que el Virrey decidiera fundar su Estado desde la nada; ocupando la tierra sin tierra de una fortaleza Maunsell semejante a Sealand que no fue reconocida pero que tiene su propia selección de fútbol. Hecho relevante para los Pepe Guardiola y los múltiples “doctores que ha dado la iglesia”. Muchas analogías entre Roy Bates y Puigdemont, el primero aristócrata venido a menos, el segundo político venido a más con ansias de posteridad.

El advenimiento de la posteridad acaece en el preciso momento en que se ignora. Mozart, Bach, Brecht, Cervantes, Shakespeare la alcanzaron no por deseo propio sino por mandato del público o del imperioso gusto estético. El artista, como el político, que recapacita diariamente sobre las masas que aclaman su obra están avocados al fracaso. Las páginas de los libros de historia determinarán el espacio destinado a los Virreyes Tarradellas, Pujol, Mas, Puigdemont, Ibarretxe, Garaikoetxea, Ardanza. El Estado de las Autonomías en estado puro; los estadistas en su mejor momento. Espera la posteridad o una sencilla pensión vitalicia que surgió de la ambición del todo o nada. La cárcel es un sencilla apología del mártir que no fue Paddy Roy Bates. Él sí consiguió la secesión. No la buscaba.

El periodista pregonero

Breve historia del periodismo fallido

Hay crisis que perviven en el imaginario desde el preciso momento en que nace la materia. Es el caso de la prensa española. Desde el periodismo primigenio de la Gaceta de Madrid (1697), nacido libre y conquistado por el poder como Boletín Oficial del Estado hasta el periomarketing de Encarna Sánchez en la Cope, nacido en los pingües beneficios publicitarios a golpe de, sin pudor, mezclar actualidad con publicidad. Fusión y confusión.

Entre medias estrepitosos fracasos de proyectos unos politizados como El Sol, no el de Urgoiti de 1917 sino el de Anaya de 1990; Diario 16, que tuvo su mejor época no con Pedro J. sino con el profesor Justino Sinova, el católico Ya, cuya decrepitud llegó de la mano de Antena 3; El Caso, sucesos al puro estilo The Sun que quedó relegado por la prensa del corazón, y un largo etcétera que en la era moderna (sin contar la prensa gratuita) conformaron un incoherente porvenir alumbrado por las numerosas facultades de Ciencias de la Información: fábricas de parados, de vendedores de televisores, teleoperadores y técnicos de telecomunicaciones venidos a más. Eran los 90′

Uno no se hace periodista para ganar dinero, uno se hace periodista para alimentar el ego de triunfos por lecturas. Esa sensación a victoria cuando sabes que te han leído y que se inunda con el tópico periodístico del alcohol.

Uno no se hace periodista para emular a Nieves Herrero en el triste caso de las niñas de Alcasser, no se hace periodista para terminar como el comunicador de raza Jesús Hermida en su programa La Mañana, variedades  para ocupar a amas de casa, en aquel entonces marujas al amparo de las María Teresa Campos y compañía. Perioreality, que dicen hoy.

Como anécdota de este mundo, hace un años, hablamos  de 2014, elaboré un experimento de campo que, como el que no quiere la cosa, me llevó hasta la sede del periódico El País. En la recepción pregunté por su Máster; me hicieron esperar 20 minutos (no es prensa gratuita). Al cabo de ese lapso, a través del frío teléfono, la abigarrada “funcionaria” dijo que toda la información estaba en la web. Imagínese usted si vengo de la Capadocia Ulterior. Pensemos por un momento que no tengo conexión, ni sé qué es una computadora. La señora “funcionaria” cree que la actividad comercial se limita a un escueto “visite nuestra web” Claramente hay un problema de actitud comercial y profesional en la casa de los padres del pensamiento único: Joaquín Estefanía y José Luis Cebrián. La beautiful people de los mejores años de la empresa periodística servil al político avezado.

Más tarde, bajo el paraguas de la crisis del ladrillo, surgieron todo tipo de empresas pseudo periodísticas animadas por el boom de internet o burbuja tecnológica: nacen las punto com. Los portales se suceden: terra.com, Lycos, Yahoo, Aol. La caja registradora de los gurús mass media se pasea por las grandes empresas a golpe de banner de publicidad.

El pelotazo de las punto com: “Aznalonga”

El éxito está asegurado porque el futuro es la información en la pantalla, multimedia fácil, e-mule para delinquir sin ir a la cárcel, el adiós a los derechos de autor. Villalonga, brillante en Telefónica, marcha a Miami para construir el paradigma digital. De aquello solo queda Terra Brasil: terra.com.br. El mismo pelotazo del ministro Solchaga cuando afirma que España es el país donde más rápido se puede hacer dinero: algunos se lo tomaron al pie de la letra.

El ladrillo está al llegar en los dos miles. Para aderezar tan animado debate únanse los esfuerzos de los ya decadentes portales con la avalancha de las redes sociales. El mundo 2.0 y el periodismo digital. Todo a través de Twitter, Facebook e Instagram. En esas estamos a excepción de que el concepto periodismo se apeó de la digitalización no por deseo propio sino por el caprichoso azar de la dictadura de las audiencias. Los gurús digitales caen en la cuenta de que el español no paga a cambio de contenidos. El español es, en todo caso, el contenido y el continente de la narrativa. El que consiga ser cronista del hoy ganará la épica periodística del ego hispano: algo tan sencillo como recuperar al pregonero de la actualidad.