Tirar de la manta y el secuestro de la democracia

Desde las postrimerías de la dictadura franquista España ha convivido con el bipartidismo con soltura propia de la tradición anglosajona: republicanos y demócratas; tories y whigs. Pero el estilo mediterráneo tiende la multicefalía del desorden. A la improvisación como modus operandi, al atentado del vale todo y nadie sabe, a la banalización del mandato público, al aquí estamos para enriquecernos.

Alianza Popular, CDS, Partido Popular, PSOE, Partido Comunista Revolucionario, Izquierda Unida, Ciudadanos… Siglas, nombres, definiciones y eslóganes con el objetivo de servir al pueblo. La teoría democrática aplicada a la tierra de la inconsistencia arbitraria. La tradición política española marca sin desparpajo la necesidad del enfrentamiento dialéctico parlamentario como base de las decisiones que el soberano pueblo demanda.

No obstante, de por medio, surgen los intereses personales atraídos por la erótica del poder. Da la sensación que en el mediterráneo el poder corrompe. Pudre. Y la tendencia, según los últimos 30 años es a bucear en el beneficio propio. En el descarado enriquecimiento material. En el atesoramiento de bienes. En las comisiones ilegales. En los pisos de dos millones de euros comprados a tocateja.

Mociones de censura para desalojar del poder y caer una y otra vez en el ostentoso beneficio propio de las Gürtel, del caso Naseiro (segunda financiación ilegal del PP) Filesa – Malesa y Time Export, Flick y Flock, de los Roldán, de los Paesa, de los sindicatos especuladores inmobiliarios de promociones de protección oficial de la PSV, de los Bigotes desdramatizadores de “tengo un curso de cocina”, 

del tirar de la manta constante y continúo, del repetir y click de la guerra sucia de los G.A.L, de los chalés de 900.000 euros del ácrata populista que vindica a los desheredados del maltrato empresarial, de Villaplanas y Villalongas, de Golden Share, de puertas giratorias, de sueldos vitalicios autoaprobados, de los Consejos de Estado como refugio de políticos vagos.

En la soberanía popular reside el poder de decidir si deseamos una clase política corrupta. El exceso de poder amasado no hace fácil la transformación que precisan los partidos políticos. Vaciar de relevancia es una necesidad que debe revertir en el pueblo soberano bajo el mandato de la elección directa. La línea del político amateur parece lejos. Los índices de participación marcarán la diferencia en una democracia secuestrada

 

 

 

 

Cuando el “procés” fue Sealand

Independencia es libertad en un fortaleza Maunsell

Confesiones del Virrey Puigdemont en una fortaleza Maunsell

El relente nocturno todavía acaricia el rostro del recién amanecido Virrey Puigdemont. Es una de esas mañanas en las que uno está llamado a pasar a la posteridad. El exilio en una fortaleza Maunsell lleva al pensamiento vagabundo autónomo del sin tierra, al resurgimiento de la nación sin espacio vital, a la fundación de un Estado aunque sea sin territorio o con él creado a su antojo.


Paddy Roy Bates (1912-2012) y Sealand

Fue monarca en una tierra imaginaria llamada Sealand que decidió ser unilateralmente independiente y verídica. 500 m² de plataforma militar marina que tuvo el insensato objetivo, durante la segunda Guerra Mundial, de evitar la colocación de minas o el disuasorio intento de menoscabar a la armada alemana en los estuarios del Támesis con un mísero cañón de 40 milímetros. Sealand, como territorio, era fundado bajo el acuerdo de todos sus inexistentes habitantes; y en desacuerdo de Gran Bretaña que con sus habituales artimañas diplomáticas consiguió que el artilugio habituado a aguas internacionales pasara a nacionales. Acuñó su propia moneda, el dólar silándico y su propia selección de fútbol. Argumentos imprescindibles, como todos sabemos, para la constitución de un Estado 


Fortaleza Maunsell

Fuerte defensivo flotante. Su misión: prevenir la colocación de minas lanzadas desde aviones alemanes mediante avisos o incluso mediante cañonazos de limitado alcance. El impacto medio ambiental es hoy elevado. En total se construyeron cuatro entre los ríos Támesis y Mersey: Rough Sands, Sunk Head, Tonge Sands, Knock John. En los 60′ las torres fueron ocupadas para hacer periodismo radiofónico pirata. Su titularidad: la Royal Navy 


En el caso del procés la venta del bien común debe hacerse bajo acuerdo de las partes que hicieron la compra. Es un bien común cuya secesión actuaría como extirpación de una de las partes contratantes.

De ahí que el Virrey decidiera fundar su Estado desde la nada; ocupando la tierra sin tierra de una fortaleza Maunsell semejante a Sealand que no fue reconocida pero que tiene su propia selección de fútbol. Hecho relevante para los Pepe Guardiola y los múltiples “doctores que ha dado la iglesia”. Muchas analogías entre Roy Bates y Puigdemont, el primero aristócrata venido a menos, el segundo político venido a más con ansias de posteridad.

El advenimiento de la posteridad acaece en el preciso momento en que se ignora. Mozart, Bach, Brecht, Cervantes, Shakespeare la alcanzaron no por deseo propio sino por mandato del público o del imperioso gusto estético. El artista, como el político, que recapacita diariamente sobre las masas que aclaman su obra están avocados al fracaso. Las páginas de los libros de historia determinarán el espacio destinado a los Virreyes Tarradellas, Pujol, Mas, Puigdemont, Ibarretxe, Garaikoetxea, Ardanza. El Estado de las Autonomías en estado puro; los estadistas en su mejor momento. Espera la posteridad o una sencilla pensión vitalicia que surgió de la ambición del todo o nada. La cárcel es un sencilla apología del mártir que no fue Paddy Roy Bates. Él sí consiguió la secesión. No la buscaba.